“En el arándano esconden a los trabajadores cuando van los controles”

Como prófugos | Trabajadores del arándano huyen de las fincas cuando se acercan controles de Trabajo. Una dirigente gremial de UATRE en el sur de la provincia contó una parte oculta de la economía del arándano.

Miércoles 2 de noviiembre de 2016

por Fernando Ledesma

La economía del arándano, uno de los productos estrella de la agricultura tucumana, tiene una cara oculta tras la que se esconde la precariedad laboral de miles de trabajadores en las quintas productoras, a donde no llegan habitualmente las miradas de las autoridades políticas del Estado ni las administrativas de la Secretaría de Trabajo.

Dalinda Sánchez, secretaria general de la seccional 862 (Juan Bautista Alberdi) de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE) señaló, sin embargo, que “viendo en los medios de comunicación cómo se admira la ampliación del aeropuerto con las cámaras frigoríficas, y los vuelos directos a Estados Unidos y a Europa, los lugares a donde el arándano es exportado, es lindo ver todo eso. Pero no es tan lindo llegar a una finca, me atrevo a decir al 90% de las fincas de Tucumán productoras de arándano, y ver la forma en que denigran a la gente, la forma en que le pagan. Es tanta la necesidad de trabajo que hay que los trabajadores no tienen otra cosa que aceptar lo que venga”.

“Hay mucho trabajo en el arándano. Pero es muy poco lo que se le paga a la gente, sobre todo sin registrarse. Hay mucho trabajo en negro”, resaltó la gremialista. Sobre los controles que no alcanzan a remediar esa situación, Sánchez dijo que “a partir de denuncias que hice, se han hecho inspecciones en casi todas las fincas. Pero la gente (los trabajadores) está reacia a dar los datos por el miedo a perder el trabajo. No te das una idea de lo que es llegar a las fincas y ver cómo corre la gente a esconderse, se va metiendo al monte y se queda al costado de las fincas para que no sea observada por el organismo de aplicación de los controles, sea el Ministerio de Trabajo de la Nación o la Secretaría de Trabajo de la provincia”.

La dirigente destacó que “una llega a una finca y ninguna de ellas tiene menos de 200 o 250 personas trabajando. Entre 8 a 15 cuadrillas. Las fincas cada año cambian de nombre, a algunas las arriendan. La gente trabaja bajo cuarenta grados de temperatura, ganando miserias. Y al contrario, la gente que trabaja en las cámaras donde se empaca el arándano, lo hacen a muy bajas temperaturas. Hay gente que me ha comentado que trabajan hasta 18 horas en las cámaras, a las que sólo les dan media hora para salir a comer. Esa media hora se la descuentan. Es lo que hace Yánima Berries, por ejemplo”.

El incumplimiento de las normas laborales es moneda corriente en el arándano. “En Donato Alvarez se la hace trabajar doce horas a la gente y ni siquiera les dan la ropa de trabajo, la ropa adecuada, que les permitan estar parados entre 12 y 18 horas. Como dirigente, me da rabia esto. Entiendo a los compañeros, que aceptan esto por la necesidad porque no tienen dónde más trabajar. Si hay dos o tres que por ahí se le paran al empleador y le piden que los declare, que quieren tener la obra social, a ellos la empresa directamente los corre, los deja sin trabajo. Por eso, la gente tiene miedo a perder su única fuente laboral. Y trabaja por, aunque sea, $200 por día”.

 

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